
La reina olvido como matar
cuando un día un caballero sin linaje
cruzo por sus jardines mirando su tristeza
y puso al medio de sus rosas
una flor en cuyo aroma encontró sus sentimientos
diciéndole a sus días
que sus ojos embrujados en pétalos marchitos
saborearon los colores que nadie comprendía
encontrando en el silencio de espinas puntiagudas
el dolor de su vacio
la belleza de un conjunto de razones en perfecta concordancia
que no fueron suficiente al sentir su palpitar
porque amo no tener una razón
amo
sentirse entre sus brazos vulnerable
amo
olvidarse que en su frente sostenía una corona
dolida por amar de esa manera
cruzo sin dar oído a la razón
y su forma de evaluar con límites marcados
no pudo contra aquello que sentía
Aun en ese su dolor
contra el amor perdió cada batalla
porque nunca soporto amar con llanto
y todo aquello que no era a su manera
murió sin un pretexto
dejándola con vida
Su lógica razón
con su sistema de límites marcados
donde el abatido; ¡jamás resucito!
no pudo contra ese caballero
quitando de su pelo la corona de monarca
saco sin resistencia del pecho sus latidos
conteniendo sus legiones entregándole su alma
afirmo y confirmo, que a el pertenecía
desde aquel minuto que pudo sin sus manos
extraerle con raíces del castillo de metal
entregándole las llaves de su reino de cristal
donde aquel poder que entregaba su corona
no hizo que las flores le hicieran reverencia
y su magnificencia era oír como el amor
la hizo vulnerable
¡Y fue ella!
la reina que se fue con su plebeyo
rompiendo el cetro lanzándolo a las nubes
la que dijo al mar
a este mi señor, ¡lo nombro caballero!
y fue ella
la dama que olvido sus estatutos
rompiendo sus vestidos bailando entre sus brazos
sintiendo que su pecho vibraba de pasión
¡porque fue el!
quien arrodillado acepto la envestidura
de llevarla junto al viento
a su reino de cristal
Mas las gotas de locura golpearon una a una
hasta romper su pecho
diciendo que a su altura; el no alcanzo sus pies
ordenando que la angustia se marchara de sus manos
convoco a la soberbia, al orgullo, la ambición
al sentir que su plebeyo reinaba en utopías
encerró su sentimiento; enclaustro su corazón
Y la reina con el brillo del amor entre sus ojos
comprendió que de las joyas; el amor no le importaba
preguntándole a sus noches; ¿a quien escribe versos?
a quien en sus oídos dispersa poesías
las mismas que en sus sueños y al conjuro de su amor
la hicieron mas vacía
por oír a su ambición
Mas hoy ese sistema donde nadie resucita
dejo su flor marchita llorando en el silencio
sintiendo que a esta hora
su reino de mentiras no logra levantarla
al reino de cristales donde pudo gobernar
mirando lo que fue
aun lee poesías
rodeada entre sus muros el frio se hizo eterno
el sabor de la alegría se ha ido con sus huellas
porque ese caballero sin fierros en su pecho
tenia entre sus dedos
las llaves de su amor
Porque en su fórmula de límites marcados
olvido que una constante
se mueve sobre un hilo diminuto
el corazón no sabe de razón
y ante el amor
se inclinan las coronas.